27 mayo 2018

Domingo de luna diurna, cuasi plena, cantos de aves mañaneras, gallos entusiastas, aire fresco, nubes disueltas y, en el paisaje irrumpe el lenguaje del hombre: cohetes que claman piedad a alguna divinidad, cumbias altisonantes del tamalero que pretende desafiar nuestro apetito

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Motel evangélico: un lugar para coger como Dios manda

Reflexiones en el féis (20 julio 2018)

¿De dónde sacamos que la vida es o debe ser fácil, justa, armónica? Yo me quejo de todo, de la gente que tira basura en la calle, que la introduce en las rejas de las casas o la deja en bolsas para el deleite de los perros que andan por la vía pública a sus anchas, sin collar, sin vacunar, sin afecto, llenando con sus heces las aceras, junto a los desechos multiformes de otros animales, e incluso, de excrementos y botellitas de refresco rellenas de orines humanos. Me quejo de quienes conducen sus vehículos a toda velocidad por las calles empedradas de mi pueblo “mágico” o los ejes viales de mi ciudad “de la esperanza”, atentando contra la vida propia y la ajena, los que van viendo su teléfono móvil, los que emiten gases malolientes y contaminantes en las narices de los peatones, los que prefieren matar a alguien o chocar con otro vehículo antes que ceder el paso, los que gozan y presumen al hacer un ruido escandaloso y escalofriante con sus motonetas, los que taladran nuestros cerebros con sus altisonantes anuncios de que venden algo o informan algo o solo quieren que todos sepamos cuál es su música favorita; me quejo de los machines que creen que pueden tratar a las mujeres groseramente y de las mujeres que creen que pueden maltratar a los niños y de todos los que creen que pueden abusar del prójimo porque se creen mejores. Y obvio, me quejo del gobierno y de los políticos y las instituciones y los partidos y los bancos y las Iglesias y las organizaciones civiles y los movimientos que dicen una cosa y hacen otra, y abusan, y mienten, y no cumplen y se creen con derecho a imponer sus creencias y verdades particulares. Me quejo también a veces de cosas que no debería quejarme. Por ejemplo, de que la gente no sea perfecta, mis amigos, mi familia, de que cometan errores, y me quejo de mí misma, de mis fallas, de hacer algo que no quiero y de no hacer lo que si quiero, y a veces también, del clima, de las circunstancias, de la vida… y sé que por definición la vida es imperfecta, y en la naturaleza hay moscas y cucarachas y rivalidades, inconvenientes, problemas, desastres, sismos, tempestades, sucesos y eventos desagradables, perdidas, muertes, enfermedades, fracasos, errores, desilusiones… y me pregunto ¿De dónde sacamos que la vida es o debe ser fácil, justa, armónica?